miércoles, 2 de marzo de 2016

COMO DECÍAMOS AYER

No sabía muy bien cómo comenzar a escribir lo que para mí, es un nuevo comienzo. Un nuevo prólogo, a todo lo que viene después. Así que he optado por recurrir a Fray Luis de León, que tras cinco años condenado injustamente a prisión, retomó sus clases con esta célebre frase, como si nada hubiese pasado.
Debo admitir que yo he estado en sitios más agradables que una cárcel y por voluntad propia, pero me pasa algo parecido a él, o al menos, eso creo yo. Cuando tienes una pasión, claro que puedes aplazarla, o dejarla a un lado, pero nunca, olvidarte de ella.
Y no pretendo obviar todo este tiempo como si nada hubiese pasado. Primero, porque he crecido, os escribe una Meri, que en esencia, es la de siempre, solo que con un par de años más encima (y me ha crecido el pelo, también), pero al fin y al cabo distinta. Y segundo, porque sé que muchos de vosotros ya habréis dado por abandonado Notas para un domingo aburrido. Y os comprendo, yo en vuestro lugar, habría hecho lo mismo. A vosotros me queda deciros que os echaremos de menos por aquí, y que espero que disfrutaseis de este rincón y tengáis buen recuerdo de él. Aún así, yo creo que quedan personas para las que siempre he escrito, y para las que voy a escribir hasta que mis manos no puedan sujetar el lápiz. A todas esas personas, deciros, simplemente, “he vuelto”, si es que alguna vez me fui.
Viene una Meri distinta… y todo lo que viene con ella, en consecuencia, distinto. ¿Para bien o para mal? Os corresponde decidirlo a vosotros, claro. Aquellos que no queráis un cambio, os entiendo perfectamente. Uno se acostumbra a unas determinadas cosas, y quizás lo nuevo no se os acople. Pero os aseguro que me es imposible mostrarme de otra manera, ser de otra manera, aquí, con vosotros. Nunca he conseguido dejar mi manera de ser a un lado a la hora de escribir, y en este momento de mi vida, aún menos.
Por eso, quiero deciros que se avecinan entradas con temáticas diferentes, la mayoría, sobre la vida misma. Como algunos deduciréis, yo ya paso por la etapa de la adolescencia, y si una palabra puede definirla, para mí, sin duda, es “intensa”.
Tengo tantísimo que contaros y os he echado tan de menos…
Siempre me encontraba con algunos problemas a la hora de sentarme a escribir. Las crisis lectoras, la falta de inspiración o de tiempo, entre ellas. Ahora he vuelto a sentir esas hormiguitas en el estómago (sí, hormigas, mariposas son para los enamorados), que necesitan que escriba. Por fin, siento esa sensación. Por fin vuelvo a tener ganas.
Ganas de hablaros sobre el amor, sobre la educación, sobre la política. Sobre la sociedad, sobre los libros (siempre formarán parte de mí, qué se le va a hacer), sobre la sexualidad. Porque hay muchas cosas que hablar todavía, y qué mejor que mi rinconcito para hacerlo. Espero de veras que os guste mucho esta nueva etapa, y que me perdonéis por esta desaparición, de corazón que me hacía falta. Gracias infinitas a los supervivientes que hayáis llegado hasta aquí y estéis dispuestos a acompañarme de nuevo. Por hoy, me despido. El sistema circulatorio me reclama. Os seguiré dando la vara muy pronto.
Os quiama, Meri.