miércoles, 5 de diciembre de 2018

ESTAR PRESENTE


El otro día alguien me dijo que esta Navidad no regalaría libros, ni perfumes, ni calcetines, ni dulces. Esta Navidad había decidido regalar cartas. Yo me reí y comenté que eso parecía un poco tacaño, y él me dijo: “Bueno, les voy a regalar mi tiempo, que para mí es lo más valioso”. Y esa observación fue la que me hizo ponerme a pensar. Porque, si nos paramos a pensarlo, todos coincidimos en que el tiempo es lo más valioso que tenemos. Sin embargo, no lo tratamos como tal.

Al fin y al cabo, el tiempo es la unidad de medida de la vida, y la vida es todo cuanto nos va a pasar. Aun así, no dejan de arrebatárnoslo, y nosotros nos dejamos. Dejamos horas y horas sin aprovechar. Y no quiero decir con esto que estar tumbado en el sofá sea tirar el tiempo. No hay una definición establecida y global de lo que es “vivir el momento”. Nuestros instantes plenos son diferentes, en lugares diferentes, con personas diferentes. Todos hemos vivido alguno, ¿no?

Pero esos instantes plenos son excepcionales, vienen a nosotros y no al revés, no hacemos esfuerzo por buscarlos. Estamos sin estar, porque estar a mil cosas diferentes es no estar a ninguna. Perdemos horas y horas pensando sobre lo que alguien nunca nos dijo y ni un solo minuto en considerar lo que nos han dicho. No solo despreciamos nuestro tiempo, despreciamos el de los demás.

Es un tópico decir esto, pero es la verdad: cada momento es único, aunque forme parte de una rutina. Aunque tomes café todos los días a las siete de la mañana, el café no sabrá igual que el día anterior, ni el cielo estará del mismo color. Subestimamos esos instantes, no esperamos nada de ellos. ¿Qué tienen de especial? Ya valoraremos aquellos que sean novedosos.

La mala noticia es que pocas veces vienen momentos épicos a encontrarte. A veces la vida te tiene que dar toques de atención, para que recuerdes que eres efímero. Que estás vivo, joder, que te podrían haber pasado mil cosas, pero aquí estás. Que has tenido la suerte que otros no tuvieron, vives en la época adecuada, en el sitio adecuado. Se han dado todo ese cúmulo de circunstancias que hacen que sigas aquí.

La mejor manera de ser agradecido y de valorar tu presencia es vivirla. Estar presente, no solo físicamente. No querer abarcarlo todo, querer abarcar el momento. Mirar a esa persona a los ojos y volcarte en la conversación, dejando de lado los pensamientos sobre lo que ocurrirá inmediatamente o lo que te acaba de ocurrir. Y cuando alguien te mire y decida estar contigo, tomarlo como el mejor regalo que te podría hacer, porque vas a construir un recuerdo que no se repetirá tal y como está pasando ahora.