jueves, 20 de febrero de 2014

ATREVIMIENTO

¡Hola! Hoy voy a hacer algo que no he hecho hasta la fecha porque me tiraba un poco para atrás. Pero finalmente he decidido a hacerlo, y me encantaría que me dijérais vuestra opinión.
A mí me encanta el misterio, y probé a escribir unos relatos, además de un relato romántico :P Me gustaría dejaros unos fragmentos de esos relatos, que escribí hace ya y que ni siquiera están revisados por un escritor de oficio. Por lo tanto, son de una novata que acaba de meterse en esto.
Ya me diréis qué os parece, y, por favor, ¡sin pelos en la lengua, que acepto críticas pero no os paséis!
Este que os dejo a continuación es una obra de humor, que me mandaron hacer y que acabé disfrutando. Tenía que ser a partir del título del libro de Joan Manuel Gisbert, "El arquitecto y el emperador de Arabia", además de con los mismos personajes. Sobre el autor aquí y sobre otro de los libros del autor aquí


Al- Iksir, el más alto, rey de los reyes de Arabia y uno de los cuatro más grandes soberanos de la Tierra, saboreaba el tinto de verano de su copa con gesto de disgusto. El whatsapp recibido le había causado un terrible malestar (sí, los árabes nos llevan bastantes años de adelanto en tecnología). En él se le invitaba al laberinto de Osiris. Era una maraña de paredes de piedra donde miles de distracciones y señales sin sentido decoraban sus muros. Nadie sabía con certeza lo que había en aquel lugar, pero muchos decían que contenía el tesoro más preciado de toda Arabia, justo en un templete al que nadie había conseguido llegar. Al-Iksir no estaba en absoluto convencido de que fuera buena idea ir.
Pero no le gustaba la idea de quedar como un cobarde, puesto que otros soberanos también estaban invitados y Al-Iksir había comprobado que estaban en línea (hasta los emperadores estaban muy viciados), luego habían leído el mensaje. Los demás no valorarían su sabiduría y valentía (que no tenía) si rechazaba la invitación y bloqueaba al tipo misterioso que le había mandado la invitación.
A Al-Iksir ni le gustaba ni se le daba bien pensar, así que consultó con un consejero real, que para sacarse un dinerillo también era arquitecto porque la cosa estaba muy mal en Arabia. Al-Iksir le había contratado tan recientemente que no le había visto siquiera. Y al ver a un adolescente lleno de acné y escuchando música por el mp3 se le paró el corazón.
-Hola, ¿cómo vas? Bueno oye que he estado pensando lo de las movidas estas del laberinto y que como llevo GPS en el móvil pues yo te puedo guiar. Así que pues nada, voy a por mis cosas y marchamos, ¿eh?
Al-Iksir se quedó pasmado por los modales (o la falta de ellos) del joven. Pero los jóvenes eran el futuro y supuestamente estaban bien formados. Apartó los oscuros pensamientos de su mente, la dejó en blanco y ordenó que le hiciesen la maleta.
En el Rolls-Royce del emperador llegaron pronto al laberinto. Los demás invitados también habían llegado y un toque de corneta les avisó de que podían pasar e internarse en el laberinto.
-Eh… Perdona, ¿has visto un enchufe por ahí?-preguntó Justin, el arquitecto, al rey de los reyes, Al-Iksir.
-¿Un enchufe?-exclamó el emperador.- ¿Para qué?
-Oh. Nada importante. Sólo que me queda un 10% de batería en el móvil. Por lo demás, todo bien…-al ver la cara de “te-voy-a-crujir” del emperador, Justin se apresuró a añadir:-Pero no importa, sé ir yo solito.
-Mírame a los ojos.-ordenó el emperador colérico.
Justin tuvo que quitarse su largo flequillo de los ojos para verle.
-Espero que sea importante. Hoy me he pasado las planchas y quiero estar elegante.
-Sí que lo es. Quiero ese tesoro. Tú quieres tu vida. Ya sabes lo que significa eso. La indiferencia del 0,99 es cúbica.-anunció con absoluta seriedad.
-No te sigo tío. Me parece que no entiendo eso.
-No, yo tampoco. Pero eso de la indiferencia del 0,99 cúbica queda profesional.
Justin sonrió comprensivamente y dijo:
-Ahora sígueme. No te será difícil verme.-y señaló su camiseta verde fosforita.
Para Justin fueron días duros. Al-Iksir no había cogido cita con el podólogo y los cayos de los pies se empezaban a quejar. Muchas veces el emperador creía ver sombras y siluetas por todas partes y Justin tenía que recordarle que no corría peligro.
-Yo te protegeré, relaja tío.-le calmó enseñándole su puño flacucho. Eso no le tranquilizó, sino más bien lo contrario y se volvió todo un histérico.
Al fin, vieron un templo. El templo. Una construcción de oro mostraba su dignidad e incluso parecía erguirse orgullosamente. Al-Iksir se puso a hacer algo parecido a una danza de la felicidad y a gritar que era rico.
-No flipes.-le pidió Justin, que estaba en la edad del pavo y era muy insolente.-Vamos a ver qué se cuece.
Y entraron. Pero no eran los primeros. El soberano de Sudamérica reclamaba su atención y su acompañante no paraba de decir: “¡Ándale, qué bueno!” con acento mexicano.
-ARRODILLAOS ANTE OSIRIS, EXTRANJEROS.-una voz solemne retumbó en el templo.
-No gracias, yo mejor me siento, que estoy agotado.-rechazó Justin con afabilidad.
-¡QUE TE ARRODILLES, TE DIGO!
-Bueno bueno, qué humor de buena mañanica. Special-K te ayuda contra el mal humor, ¿los has probado?
-OBVIARÉ A ESTE JOVEN IMPERTINENTE. OS HE REUNIDO AQUÍ, A LOS SOBERANOS DE SUDAMÉRICA Y ARABIA, PORQUE LOS DOS SOIS… CÓMO DECIRLO FINAMENTE… SOIS “MU TONTOS” HIJOS MÍOS. Y EL MAYOR TESORO QUE OS PUEDO DAR, A VOSOTROS Y A LOS POBRES HABITANTES DE LOS PAÍSES QUE GOBERNÁIS, ES LA SABIDURÍA.
Nadie sabe cómo pasó exactamente, pero a Justin le gustó el mal humor de Osiris y se la ligó. El sudamericano y el árabe salieron hablando de raíces cuadradas. Y, bueno, todos felices.

Está, obviamente, escrito en clave cómica, espero que os hayáis reído como mis compañeros lo hicieron, y acepto sugerencias, aunque la idea es pasármelo bien, no es para otro fin.

 

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