A mí me encanta el misterio, y probé a escribir unos relatos, además de un relato romántico :P Me gustaría dejaros unos fragmentos de esos relatos, que escribí hace ya y que ni siquiera están revisados por un escritor de oficio. Por lo tanto, son de una novata que acaba de meterse en esto.
Ya me diréis qué os parece, y, por favor, ¡sin pelos en la lengua, que acepto críticas
Este que os dejo a continuación es una obra de humor, que me mandaron hacer y que acabé disfrutando. Tenía que ser a partir del título del libro de Joan Manuel Gisbert, "El arquitecto y el emperador de Arabia", además de con los mismos personajes. Sobre el autor aquí y sobre otro de los libros del autor aquí
Al-
Iksir, el más alto, rey de los reyes de Arabia y uno de los cuatro más grandes
soberanos de la Tierra, saboreaba el tinto de verano de su copa con gesto de
disgusto. El whatsapp recibido le había causado un terrible malestar (sí, los
árabes nos llevan bastantes años de adelanto en tecnología). En él se le
invitaba al laberinto de Osiris. Era una maraña de paredes de piedra donde
miles de distracciones y señales sin sentido decoraban sus muros. Nadie sabía
con certeza lo que había en aquel lugar, pero muchos decían que contenía el
tesoro más preciado de toda Arabia, justo en un templete al que nadie había
conseguido llegar. Al-Iksir no estaba en absoluto convencido de que fuera buena
idea ir.
Pero no le
gustaba la idea de quedar como un cobarde, puesto que otros soberanos también
estaban invitados y Al-Iksir había comprobado que estaban en línea (hasta los
emperadores estaban muy viciados), luego habían leído el mensaje. Los demás no
valorarían su sabiduría y valentía (que no tenía) si rechazaba la invitación y
bloqueaba al tipo misterioso que le había mandado la invitación.
A Al-Iksir
ni le gustaba ni se le daba bien pensar, así que consultó con un consejero
real, que para sacarse un dinerillo también era arquitecto porque la cosa
estaba muy mal en Arabia. Al-Iksir le había contratado tan recientemente que no
le había visto siquiera. Y al ver a un adolescente lleno de acné y escuchando
música por el mp3 se le paró el corazón.
-Hola,
¿cómo vas? Bueno oye que he estado pensando lo de las movidas estas del
laberinto y que como llevo GPS en el móvil pues yo te puedo guiar. Así que pues
nada, voy a por mis cosas y marchamos, ¿eh?
Al-Iksir se
quedó pasmado por los modales (o la falta de ellos) del joven. Pero los jóvenes
eran el futuro y supuestamente estaban bien formados. Apartó los oscuros
pensamientos de su mente, la dejó en blanco y ordenó que le hiciesen la maleta.
En el
Rolls-Royce del emperador llegaron pronto al laberinto. Los demás invitados
también habían llegado y un toque de corneta les avisó de que podían pasar e
internarse en el laberinto.
-Eh…
Perdona, ¿has visto un enchufe por ahí?-preguntó Justin, el arquitecto, al rey
de los reyes, Al-Iksir.
-¿Un
enchufe?-exclamó el emperador.- ¿Para qué?
-Oh. Nada
importante. Sólo que me queda un 10% de batería en el móvil. Por lo demás, todo
bien…-al ver la cara de “te-voy-a-crujir” del emperador, Justin se apresuró a
añadir:-Pero no importa, sé ir yo solito.
-Mírame a
los ojos.-ordenó el emperador colérico.
Justin tuvo
que quitarse su largo flequillo de los ojos para verle.
-Espero que
sea importante. Hoy me he pasado las planchas y quiero estar elegante.
-Sí que lo
es. Quiero ese tesoro. Tú quieres tu vida. Ya sabes lo que significa eso. La
indiferencia del 0,99 es cúbica.-anunció con absoluta seriedad.
-No te sigo
tío. Me parece que no entiendo eso.
-No, yo
tampoco. Pero eso de la indiferencia del 0,99 cúbica queda profesional.
Justin
sonrió comprensivamente y dijo:
-Ahora
sígueme. No te será difícil verme.-y señaló su camiseta verde fosforita.
Para Justin
fueron días duros. Al-Iksir no había cogido cita con el podólogo y los cayos
de los pies se empezaban a quejar. Muchas veces el emperador creía ver sombras
y siluetas por todas partes y Justin tenía que recordarle que no corría peligro.
-Yo te
protegeré, relaja tío.-le calmó enseñándole su puño flacucho. Eso no le
tranquilizó, sino más bien lo contrario y se volvió todo un histérico.
Al fin,
vieron un templo. El templo. Una construcción de oro mostraba su dignidad e
incluso parecía erguirse orgullosamente. Al-Iksir se puso a hacer algo parecido
a una danza de la felicidad y a gritar que era rico.
-No
flipes.-le pidió Justin, que estaba en la edad del pavo y era muy
insolente.-Vamos a ver qué se cuece.
Y entraron.
Pero no eran los primeros. El soberano de Sudamérica reclamaba su atención y su
acompañante no paraba de decir: “¡Ándale, qué bueno!” con acento mexicano.
-ARRODILLAOS
ANTE OSIRIS, EXTRANJEROS.-una voz solemne retumbó en el templo.
-No
gracias, yo mejor me siento, que estoy agotado.-rechazó Justin con afabilidad.
-¡QUE TE
ARRODILLES, TE DIGO!
-Bueno
bueno, qué humor de buena mañanica. Special-K te ayuda contra el mal humor,
¿los has probado?
-OBVIARÉ A
ESTE JOVEN IMPERTINENTE. OS HE REUNIDO AQUÍ, A LOS SOBERANOS DE SUDAMÉRICA Y
ARABIA, PORQUE LOS DOS SOIS… CÓMO DECIRLO FINAMENTE… SOIS “MU TONTOS” HIJOS
MÍOS. Y EL MAYOR TESORO QUE OS PUEDO DAR, A VOSOTROS Y A LOS POBRES HABITANTES
DE LOS PAÍSES QUE GOBERNÁIS, ES LA SABIDURÍA.
Nadie sabe
cómo pasó exactamente, pero a Justin le gustó el mal humor de Osiris y se la
ligó. El sudamericano y el árabe salieron hablando de raíces cuadradas. Y,
bueno, todos felices.
Está, obviamente, escrito en clave cómica, espero que os hayáis reído como mis compañeros lo hicieron, y acepto sugerencias, aunque la idea es pasármelo bien, no es para otro fin.
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