El otro día alguien me dijo que esta Navidad no regalaría
libros, ni perfumes, ni calcetines, ni dulces. Esta Navidad había decidido
regalar cartas. Yo me reí y comenté que eso parecía un poco tacaño, y él me
dijo: “Bueno, les voy a regalar mi tiempo, que para mí es lo más valioso”. Y esa
observación fue la que me hizo ponerme a pensar. Porque, si nos paramos a pensarlo,
todos coincidimos en que el tiempo es lo más valioso que tenemos. Sin embargo,
no lo tratamos como tal.
Al fin y al cabo, el tiempo es la unidad de medida de la
vida, y la vida es todo cuanto nos va a pasar. Aun así, no dejan de arrebatárnoslo,
y nosotros nos dejamos. Dejamos horas y horas sin aprovechar. Y no quiero decir
con esto que estar tumbado en el sofá sea tirar el tiempo. No hay una
definición establecida y global de lo que es “vivir el momento”. Nuestros
instantes plenos son diferentes, en lugares diferentes, con personas
diferentes. Todos hemos vivido alguno, ¿no?
Pero esos instantes plenos son excepcionales, vienen a
nosotros y no al revés, no hacemos esfuerzo por buscarlos. Estamos sin estar,
porque estar a mil cosas diferentes es no estar a ninguna. Perdemos horas y
horas pensando sobre lo que alguien nunca nos dijo y ni un solo minuto en considerar
lo que nos han dicho. No solo despreciamos nuestro tiempo, despreciamos el de
los demás.
Es un tópico decir esto, pero es la verdad: cada momento es
único, aunque forme parte de una rutina. Aunque tomes café todos los días a las
siete de la mañana, el café no sabrá igual que el día anterior, ni el cielo estará
del mismo color. Subestimamos esos instantes, no esperamos nada de ellos. ¿Qué
tienen de especial? Ya valoraremos aquellos que sean novedosos.
La mala noticia es que pocas veces vienen momentos épicos a
encontrarte. A veces la vida te tiene que dar toques de atención, para que
recuerdes que eres efímero. Que estás vivo, joder, que te podrían haber pasado
mil cosas, pero aquí estás. Que has tenido la suerte que otros no tuvieron, vives
en la época adecuada, en el sitio adecuado. Se han dado todo ese cúmulo de
circunstancias que hacen que sigas aquí.
La mejor manera de ser agradecido y de valorar tu presencia
es vivirla. Estar presente, no solo físicamente. No querer abarcarlo todo, querer
abarcar el momento. Mirar a esa persona a los ojos y volcarte en la conversación,
dejando de lado los pensamientos sobre lo que ocurrirá inmediatamente o lo que
te acaba de ocurrir. Y cuando alguien te mire y decida estar contigo, tomarlo
como el mejor regalo que te podría hacer, porque vas a construir un recuerdo que
no se repetirá tal y como está pasando ahora.
Me parecería un regalazo. Gran idea.
ResponderEliminarUn beso.
Hola cielo:
ResponderEliminarYo creo que el mejor regalo es pasar la Navidad con las personas que quieres el resto al final da igual.
Un beso infinito ♥
Tienes razón en todo lo que dices, la vida pasa y no valoramos todos los momentos ni las personas que tenemos alrededor. Un saludo!!!!
ResponderEliminarInterpretadoras de letras
Desi