domingo, 3 de marzo de 2019

VA, MERLÍ, QUÈ FEM?

¡Feliz domingo!
Os invito a acomodaros en el sofá con una manta en el caso de que sea necesario (aunque lo dudo con el antinatural calor que hace) y disfrutemos hablando juntos de Merlí.


Para quien no haya visto la serie y no sepa de qué trata, Merlí es una serie centrada en una clase de instituto, y habla sobre la vida personal de los alumnos, padres y profesores, relacionándolo siempre con la filosofía, que es la asignatura que imparte Merlí.

La premisa ya de por sí me parecía atractiva, ya que yo misma siempre he intentado buscar conexiones entre lo que decían pensadores tan lejanos en el tiempo como Platón con el mundo de hoy. Cada capítulo está dedicado a un filósofo (sin orden cronológico) y en concreto a un campo de su pensamiento, que es el que explica Merlí en clase y del que los alumnos pueden extraer enseñanzas para la vida fuera del aula. Hay 3 temporadas, en total 40 episodios de unos 50 minutos aproximadamente.

Además, había oído que los guiones se habían preocupado por visibilizar y naturalizar temas que, por desgracia, siguen siendo tabú. Es totalmente cierto, pero además no se hace de forma forzada, o dándole demasiada importancia, sino como uno de los muchos engranajes de la historia. 

En este aspecto me ha gustado mucho que hayan intentado fomentar el respeto y la tolerancia en general, no hacia una ideología en concreto. Por ejemplo, uno de los alumnos, Oliver, es cristiano y homosexual. Yo temí que sus creencias se criticasen duramente. Afortunadamente, pasa todo lo contrario: nos anima a aceptar ambas posturas y no creerse superior a nadie.

Una de las pocas pegas que le pongo a la serie es cómo se enfoca la sexualidad de Pol. En el transcurrir de las temporadas vemos que se siente atraído tanto por mujeres como por hombres. Esperaba que finalmente el personaje admitiese su sexualidad, ya que al principio se obceca diciendo que le gustan las tías y que sus líos con hombres son fruto solamente de la curiosidad y del morbo. Sin embargo, acaba por decir que no quiere etiquetas, que él es Pol y punto, y la serie no pone objeciones, con lo sencillo que hubiera sido admitir que es bisexual. Personalmente me parece que hubiera sido más sincero y constructivo por parte del personaje reconocer abiertamente lo que es y no tratar de justificarse tanto. Las etiquetas a veces son necesarias.

Como uno de los objetivos principales de la serie (intuyo) es dejar claro que las personas no somos o blancas o negras, todos los personajes tienen monstruos y virtudes, y poco a poco veremos cómo van creciendo y enfrentándose a ellos. Mientras que en algunos casos, como el de Oliver, Marc o Gerard, me quedé muy satisfecha con el desarrollo de su historia, creo que en otros se desaprovechó, como el de Berta. Berta era mi personaje favorito en la primera temporada, y tenía unas expectativas bestiales en ella porque me parecía el personaje más interesante. No obstante, en las dos siguientes apenas tiene protagonismo por sí misma.



No solo con Berta he sentido que podría haberse tirado mucho más del hilo. Con el personaje de Coralina, también. Es una de mis grandes decepciones en la serie (que me ha gustado mucho de todas formas) porque da la sensación de que ese personaje estaba destinado a enseñarnos muchísimo y extraer conclusiones de su historia, y al final no se reflexiona absolutamente nada sobre lo que ocurre. Estuve toda la tercera temporada esperando a que se sacase el tema. Alguien me podría decir que no hay que explicarlo todo, pero eso no vale para Merlí porque precisamente todo gira alrededor de la reflexión.


Volviendo al tema de los personajes y sus múltiples caras, el propio Merlí es el mejor ejemplo de ello. Al empezar la serie, esperaba un profesor idealizado, que siempre obrase correctamente y fuese un ejemplo de principio a fin. Para nada es así. A veces dan ganas de abofetearle (aunque supongo que está ahí su encanto). Si no la habéis visto, os recomiendo que respiréis hondo porque en muchas ocasiones su actitud de "carpe diem" y hacer lo que le venga en gana hace verdadero daño a los demás (no os preocupéis que no queda impune).


Yo recomendaría a todo el mundo ver Merlí, porque aunque creo que tiene sus pequeños defectos, despierta el pensamiento crítico. De hecho, consigue que seas crítico con la propia historia, sabiendo el "peligro" que conlleva. Se habla de infinidad de temas desde nuevos puntos de vista sin dejar de lado el amor, el sexo, la amistad... Los 50 minutos de cada capítulo se pasan volando y dan ganas de estudiar la carrera de Filosofía.

A riesgo de parecer rancia, el final me pareció una mierda. Podría intentar suavizarlo, pero no tendría mucho sentido. A mi parecer trataron de cerrar todo tanto que lo cerraron mal. No entraré en detalles para no hacer spoilers.

Ahora que ya me he desahogado con todo lo negativo que tenía que decir, una mención especial y positiva a la banda sonora, que utiliza tanto música clásica exquisitamente elegida con La casa azul o Txarango. Otra mención especial a los actores, que con su trabajo y carisma han conseguido hacer de esta una gran serie. Y, por favor, vedla en catalán, ni se os ocurra poneros el doblaje que es terrible.







1 comentario:

  1. ¡Hola!
    Mira, acabé la serie hace unas semanas y me ha encantado rememorarla. Yo, al contrario que tú, empecé a verla sin ganas porque me daba mucha pereza una serie más de institutos y adolescentes pero desde el primer capítulo me di cuenta de que era diferente. Puede que Merlì a veces sea insoportable pero consiste en lo que tú dices, sus "malas" acciones no le salen gratuitas. De los personajes, es verdad que se le da más importancia a unos que a otros, aunque también va por temporadas. A mí Berta al principio no me caía del todo bien pero me encanta su evolución (aunque no el final que le dan).

    Un saludo

    ResponderEliminar

Los comentarios son el mejor detalle que puede tener el lector de este blog, los agradezco muchísimo siempre que sean respetuosos y NO contengan spoilers.
Me paso por todos los blogs que comentan, por lo que el SPAM es innecesario.
Un abrazo dominguero